Nuestras razones contra la caza

Cazador sentado con escopeta

Recientemente, una publicación en nuestras redes sociales suscitó un debate sobre nuestro abierto pronunciamiento en contra de la caza. Una cosa que no gustó a algunos usuarios es el tono capcioso del titular de la noticia, y el hecho de que nosotros aprovecháramos dicho titular para ‘denostar’ la caza. Quizás la redacción de la noticia no fue la adecuada para informar del crimen cometido por un cazador. Quizás no fuera el ejemplo más adecuado para manifestarnos en contra de la caza. Pero para que no haya lugar a dudas sobre nuestra postura, he aquí algunos de nuestros argumentos:

1. La caza no es un deporte

No nos hagan comulgar con ruedas de molino, por favor. Un deporte es una “actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas.” Un juego o competición en el que los participantes están de acuerdo con las reglas, y un sujeto imparcial (juez o árbitro) vela porque se respeten las normas. En la caza sólo una parte impone sus reglas: el cazador. El animal no tiene oportunidad de vencer, tan sólo puede huir. Por lo que dicha practica no es un deporte, sino un ejercicio de sadismo (“Crueldad refinada, con placer de quien la ejecuta”).

“Eso no es verdad. Hay normas” ¡JA! Casi todas las cacerías se organizan en propiedades privadas, donde los cazadores abonan una cantidad por especie abatida, es decir, se paga para asesinar y obtener un trofeo.

2. La caza no es cultura

Otra de las estupideces habituales que se esgrimen en su defensa es que la caza forma parte de nuestra cultura. Vamos a ver, linces; cultura es el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico, o conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” ¿Dónde está la caza aquí?

Cazar es una tradición (“costumbre transmitida”). Lo cual no es precisamente un valor. Atizarle una hostia a tu mujer por no hacer sus tareas en el hogar o a tu hijo porque “es un sarasa” ha sido una larga tradición en nuestro país, y no por ello hay que mantenerla. Vamos, que cazar haya sido una tradición no significa nada.

3. La caza no es una actividad económica que beneficie a la sociedad

Esta es otra de las grandes patrañas. Primero porque cazar no es una actividad al alcance de todos. Requiere dinero, por lo que es un entretenimiento de clase, para empezar. Y, en segundo lugar, esa clase que emplea los recursos de todos para beneficio propio. La caza tiene un impacto ambiental del que los cazadores y las personas vinculadas al negocio de la caza no se hacen responsables. La fauna para ellos no es un valor de la naturaleza, sino un botín. Y como en toda transacción comercial, cuanto menor es la oferta mayor es el coste que se paga por ella. La caza no ayuda a la conservación de las especies, sino que es una amenaza. Una amenaza que nos afecta a todos.

– Argumentos (que compartimos) de Stopcaza.org

– Argumentos para la abolición de la caza (que compartimos) de Anima Naturalis

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