El Camino Natural Vía Verde Guadix – Almendricos se presenta como un ejemplo de recuperación de infraestructuras en desuso. Donde antes circulaban trenes cargados de mineral, hoy lo hacen bicicletas y senderistas. La idea, en apariencia, es sencilla y positiva: reutilizar un trazado abandonado para fomentar el turismo sostenible.
Sin embargo, basta recorrer algunos de sus tramos para que surja una duda incómoda: ¿es esto realmente una recuperación o simplemente una transformación superficial que no aporta valor añadido al territorio?
Caminar el ferrocarril
Recorrí a pie el tramo entre Almendricos y El Hijate de la Vía Verde Guadix–Almendricos con una sensación que fue cambiando con los kilómetros.
No es la primera vez que camino sobre antiguos trazados ferroviarios, pero sí la primera en la que la impresión dominante no fue la de descubrimiento, sino la de cierta monotonía prolongada.
Soy, lo reconozco, alguien con una especial sensibilidad hacia el ferrocarril. No desde lo técnico, sino desde lo emocional: los trazados, las estaciones, los cargaderos, la lógica de una infraestructura que organiza el territorio. Por eso, tiendo a mirar estos espacios con una expectativa concreta: encontrar huellas, relatos, capas visibles de historia.
En este caso, esas huellas estaban, pero de forma desigual. A veces presentes, a veces apenas insinuadas, y en otras ocasiones diluidas por la propia transformación del trazado en vía verde. El camino está bien mantenido. Es transitable, continuo y funcional. Pero esa corrección técnica no siempre se traduce en densidad cultural o ambiental.
De corredor estratégico a sendero sin relato
La antigua línea ferroviaria Guadix–Almendricos no era una vía cualquiera. Durante décadas, fue un eje clave para la conexión entre Andalucía oriental y el Levante, además de un motor económico vinculado a la minería y al transporte de mercancías.
Hoy, ese pasado apenas se percibe. El trazado se conserva, sí, pero despojado en gran medida de su significado. La vía verde reproduce el recorrido físico del ferrocarril, pero no su historia. El resultado es un itinerario lineal que, en muchos tramos, podría estar en cualquier otro lugar: un camino más, sin identidad clara.

La desaparición silenciosa del patrimonio ferroviario
Uno de los aspectos más llamativos es la escasa recuperación de elementos ferroviarios originales. Estaciones abandonadas, cargaderos desaparecidos, infraestructuras degradadas… lo que en otros proyectos se convierte en un recurso cultural aquí parece haberse dejado en segundo plano.
Esto no es un detalle menor. El valor diferencial de una vía verde no está solo en el paisaje o en la comodidad del recorrido, sino en su capacidad para contar una historia. Y en este caso, esa historia —la del ferrocarril, la minería, el desarrollo industrial de la zona— apenas se cuenta.
La paradoja de lo no restaurado
Curiosamente, algunos de los tramos que aún no han sido acondicionados como vía verde ofrecen una experiencia mucho más auténtica desde el punto de vista patrimonial.
En ellos todavía es posible encontrar restos originales del ferrocarril: estructuras sin intervenir, trazados más fieles, vestigios que conservan la huella real del paso del tiempo. No son espacios “cómodos” ni preparados para el turismo masivo, pero sí transmiten algo que en los tramos restaurados se diluye: autenticidad.
Esta paradoja resulta reveladora. Mientras las zonas intervenidas tienden a homogeneizar el paisaje y simplificar su lectura, las partes abandonadas mantienen —aunque sea de forma precaria— una conexión más directa con la historia de la línea. En cierto modo, lo que no se ha tocado conserva más valor que lo que se ha “puesto en valor”.
Un modelo de mínimos
La sensación general es que se ha optado por una intervención de mínimos: acondicionar el firme, señalizar el trazado y promover su uso recreativo. ¿Es útil? Sí. ¿Es suficiente? Probablemente no.
Este tipo de actuaciones cumplen con una función básica, pero dejan sin explorar el verdadero potencial del proyecto. La vía verde podría haber sido un eje vertebrador del territorio, un recurso cultural y turístico de primer nivel, e incluso un elemento de identidad para las comarcas que atraviesa.
En lugar de eso, se queda en una propuesta funcional pero limitada.

Conclusión
El Camino Natural Vía Verde Guadix – Almendricos no es inútil, pero sí parece insuficiente. Cumple una función recreativa, pero no alcanza a ser un verdadero proyecto de recuperación patrimonial ni de dinamización territorial.
Más que una recuperación completa, lo que encontramos es una versión diluida de lo que fue: un corredor histórico convertido en sendero, sin el relato ni la ambición que podrían haberlo hecho único.
En un territorio con tanta historia ferroviaria, conformarse con esto sabe a poco.