Senda del Poeta Miguel Hernández (Ex GR-125)

Caminamos juntos durante tres días y, casi sin darnos cuenta, dejamos de ser un grupo de participantes para convertirnos en algo parecido a una familia. Así nos hicieron sentir quienes trabajan y organizan la Senda del Poeta desde dentro: con cercanía, con entrega y con una forma de cuidar que va mucho más allá de la logística de un evento.

Volvemos de la Senda del Poeta con las piernas cansadas y el ánimo encendido. No es solo una ruta. Nunca lo ha sido. Es memoria, es encuentro y es, sobre todo, una forma de entender el compromiso colectivo. En esta 30ª edición lo hemos sentido con más intensidad que nunca: cada paso que damos no solo recorre los caminos que unieron la vida y la obra de Miguel Hernández, sino también el esfuerzo de quienes hacen posible que esta experiencia continúe año tras año.

Caminamos, sí, pero también sostenemos. Porque esta vez no solo hemos participado; también hemos sido parte activa como voluntarios. Y eso cambia la mirada. Nos permite ver lo que no siempre se ve, entender lo que no siempre se cuenta. Detrás de cada avituallamiento, de cada señal, de cada gesto de apoyo, hay horas de trabajo, coordinación y compromiso. Y en estas líneas me gustaría destacar a mis compañeras voluntarias que, no están solo para facilitar la marcha; han sido parte del verdadero tejido de la Senda. Han guiado, han cuidado y han animado cuando el cansancio apretaba. Han estado ahí, discretas pero necesarias, sosteniendo una estructura que, sin la organización, sin los trabajadores y sin ellas, simplemente no existiría.

Destacar a Aitor y a Claudio, a Patri y a Álex, que formando parte de la organización han estado ahí en todo momento: guiando, resolviendo, anticipándose a los problemas y, sobre todo, cuidando a las personas. Han sido ellos quienes han tejido esa sensación de comunidad que nos ha acompañado durante todo el recorrido. Nosotros hemos puesto manos y ganas, pero son ellos quienes sostienen la estructura, quienes cargan con la responsabilidad y quienes hacen que todo funcione incluso cuando las condiciones no son las mejores.

Y es precisamente ahí donde esta edición deja de ser sólo una celebración para convertirse también en una denuncia. No podemos ignorar la otra cara de esta edición en un contexto que invita más a la preocupación que a la celebración. La retirada de la subvención por parte del IVAJ en manos de PP y Vox ha supuesto un golpe directo a la organización. Un golpe que no es solo económico, sino también ideológico y simbólico. Porque cuando una iniciativa de este calibre pierde apoyo institucional, lo que se pone en cuestión es el valor que damos, como sociedad, a la cultura, a la memoria y a las propuestas colectivas que nacen desde abajo.

Lo hemos visto en pequeños detalles que, sumados, dibujan un escenario más frágil. Menos recursos, más esfuerzo repartido entre menos manos, más dependencia de la buena voluntad. Y, aun así, la Senda ha salido adelante. No gracias a las instituciones autonómicas, sino a pesar de ellas. Gracias a quienes han decidido no rendirse y seguir apostando por este proyecto.

No podemos mirar hacia otro lado. Si la Senda del Poeta continúa siendo lo que es, no es por inercia ni por tradición, sino por el compromiso activo de muchas personas que dedican su tiempo, su energía y su ilusión a mantenerla viva. Pero ese compromiso no debería sustituir el respaldo que merece. No debería ser la red que supla las ausencias.

Nos preguntamos qué mensaje se lanza cuando se retira el apoyo a una iniciativa que combina deporte, cultura, educación y memoria histórica. Qué lugar ocupa hoy la figura de Miguel Hernández en las políticas públicas. Y, sobre todo, qué futuro queremos para propuestas que, como esta, construyen comunidad y transmiten valores que van mucho más allá de lo inmediato.

Aun así, si algo nos llevamos de esta edición es la certeza de que la Senda del Poeta no depende únicamente de presupuestos. Depende de personas. De quienes creen en ella, de quienes la caminan y de quienes la hacen posible. Y en ese sentido, este fin de semana ha sido también una demostración de resistencia.

Seguiremos caminando. Porque cada paso es también una forma de reivindicar. Porque cada edición que se celebra, incluso en condiciones adversas, es una victoria colectiva. Y porque, mientras haya voluntarios dispuestos a sostenerla y participantes que la vivan con respeto y entusiasmo, la Senda seguirá teniendo sentido.

Pero no basta con resistir. Es necesario apoyar, reconocer y garantizar que esta experiencia pueda celebrarse con los recursos y la dignidad que merece. La Senda del Poeta no debería sobrevivir a base de esfuerzo invisible. Debería ser un orgullo compartido y respaldado.

Nosotros, por nuestra parte, ya estamos pensando en volver. No solo por el camino, ni siquiera sólo por Miguel Hernández. Volveremos por la gente. Por esa familia que, sin esperarlo, encontramos en cada tramo.

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