Durante tres días consecutivos, los cines Centrofama de Murcia han llenado prácticamente la sala con la proyección de El mar no cesa, un documental independiente que aborda sin concesiones uno de los mayores conflictos medioambientales del sureste peninsular: la degradación del Mar Menor. No es un dato menor. Que un documental de investigación, alejado de grandes circuitos comerciales, logre este respaldo del público dice mucho del interés social que despierta la laguna y, sobre todo, de la necesidad de relatos honestos y bien fundamentados.
Desde Senderos GR creemos que esta película merece ser destacada, no sólo este hito, sino por el enfoque valiente y riguroso con el que se aproxima a un problema complejo, incómodo y aún lejos de resolverse.
Una investigación que va al origen del problema

Uno de los grandes aciertos de El mar no cesa, codirigido por el investigador del Cebas-CSIC José María Egea y el cámara profesional Paco Portero, es que no se limita a mostrar las consecuencias visibles del deterioro ambiental —episodios de anoxia, mortandad de fauna o pérdida de biodiversidad—, sino que se remonta a los orígenes estructurales del problema. El documental traza un recorrido histórico, social y económico que ayuda a entender cómo se ha llegado hasta aquí.
Lejos de simplificaciones o de buscar culpables fáciles, la película expone decisiones políticas, modelos de desarrollo, transformaciones del territorio y dinámicas productivas que, sumadas durante décadas, han desembocado en la situación actual. No hay cabos sueltos ni relatos incompletos: todo encaja dentro de una visión integral que invita a reflexionar más allá de la urgencia del titular.
Un lenguaje accesible para un problema complejo
A pesar de tratarse de un documental de investigación, El mar no cesa apuesta por un formato narrativo basado en el relato oral y en entrevistas cuidadosamente articuladas. Este enfoque permite que el mensaje llegue a un público amplio, sin necesidad de conocimientos técnicos previos.
Los conceptos científicos, legales o medioambientales se explican con un lenguaje claro, comprensible y directo, lo que convierte la película en una herramienta divulgativa de gran valor. No se trata sólo de informar, sino de hacer entender. Y en un conflicto tan polarizado como el del Mar Menor, esa capacidad pedagógica resulta fundamental.
Mirar el territorio para comprenderlo

Desde la óptica de quienes caminamos el territorio (recordemos que por esta zona litoral pasa el sendero GR 92), lo recorremos y lo observamos con calma, este documental conecta de lleno con una forma de entender la naturaleza que va más allá del paisaje. El Mar Menor no es sólo una postal ni un espacio de ocio: es un ecosistema frágil, profundamente vulnerable por las decisiones humanas que se toman a kilómetros de la orilla.
El mar no cesa invita precisamente a eso: a mirar con atención, a escuchar, a entender el problema como un todo interconectado. Una mirada muy cercana a la filosofía que defendemos desde el senderismo y la relación respetuosa con el medio natural.
Una invitación a no mirar hacia otro lado
Desde Senderos GR os animamos a estar atentos a futuras proyecciones, pases especiales o ciclos de cine en los que vuelva a exhibirse esta película; porque su visionado va más allá de apoyar una manifestación cultural, se trata de participar en la defensa de la naturaleza, de activar el pensamiento crítico y de promover relatos valientes que no se quedan en la superficie.
El Mar Menor no cesa. Y el debate, la reflexión y la responsabilidad colectiva tampoco deberían hacerlo.

