¿Es una retirada un fracaso?

Descanso junto a una fuente.
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No sé si les pasará a todos, pero imagino que no será extraño que un gerrerista en plena travesía se plantee seriamente retirarse. La rudeza del medio, el excesivo cansancio, la decepción respecto a las expectativas puestas en un sendero que está resultando muy diferente de lo esperado… La desmotivación, al fin, venga en la forma que sea, puede arrastrarnos al fracaso.

¿Qué hacer ante esta situación? Evidentemente es una cuestión personal y cada cual ha de responderse cuando se le plantee. Cada individuo está sujeto a su propia personalidad, de modo que ante un mismo conflicto dos personas pueden responder de maneras muy distintas.

Pongo el tema sobre la mesa porque, hace pocas semanas, decidí abandonar una travesía en mitad de la misma. Puede ser interesante compartir la experiencia y reconsiderar si un abandono puede considerarse un fracaso.

La ruta que me había propuesto era acompañar al río Segura desde su nacimiento hasta la desembocadura. Unos 360 kilómetros que habrían de ocuparme de 10 a 12 días. Llegada la fecha comencé a caminar lleno de ilusión, pero día a día ésta se fue atenuando, básicamente, por dos causas.

Demasiado asfalto: a pesar de ser carreteras muy poco transitadas y entre imponentes montañas, caminar siempre sobre el mismo terreno provoca una monotonía que eterniza las jornadas.

Por otro lado, unas expectativas no cumplidas, no tanto por el sendero, sino porque al final resultó que casi toda mi ilusión era ilusoria. El trazado es muy bonito, en algunos momentos espectacular (la primera etapa, entre Pontones y La Toba, es inconmensurable).

Y es que la clave está en la disposición con la que uno afronta el reto de caminar solo durante varios días seguidos (salvo alguna excepción muy puntual, nunca voy acompañado). Mi decisión de retirarme la justificaré enseguida, pero quiero aclarar que no hay una opción correcta o incorrecta que valga para todos los casos. Si abandoné no es ni un acierto ni un error. Uno sólo se debe explicaciones a sí mismo, y no debe quedar sometido a ninguna norma -escrita o no- que le contravenga.

Entonces, ¿por qué abandoné? Porque no estaba disfrutando. El afán de superarme no me atrae especialmente, pues nunca he sido competitivo; tampoco me tortura el vano orgullo, así que no me gusta forzarme a continuar con algo que me disgusta para complacer ese sentimiento tan contraproducente.

Tanto me apasiona la travesía que no quiero arriesgarme a que una mala experiencia me haga dudar en el futuro. Eso sí lo consideraría un fracaso. Yo soy gerrerista por el disfrute sensitivo que me produce a muchos niveles. No me mueve el componente deportivo, y si bien debo reconocer que el esfuerzo físico y mental que requiere completar un sendero GR es primordial para la recompensa que queda fijada en la memoria, afirmo que si ese esfuerzo no va acompañado de la motivación correspondiente, debe prevalecer la idea de aplazar la aventura para retomarla más adelante con la actitud positiva que merece.

Caminar con desgana es como beber y comer cuando ya se está empachado: un suplicio. Y no estoy dispuesto a convertir en tortura lo que más me gusta.

Quien lo haga por afán deportivo, que no pare; si es por superarse a sí mismo, que venza la tentación de rendirse y continúe; y si es que ha apostado algo, no desespere y, aun agonizando, finalice. Pero si lo hace por el puro placer de viajar a pie, de comulgar con la Naturaleza, de conocer nuestro patrimonio y admirar lugares recónditos, me temo que sólo lo podrá alcanzar plenamente si nuestros sentidos están intactos y, como niños, nos entregamos a ello con entusiasmo.

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4 comentarios

  1. Buenas tardes, Miguel Ángel.
    Te dejo un comentario, porque estoy de acuerdo contigo en todo excepto en lo que comentas sobre el Río Segura. He hecho el río entero, desde la desembocadura hasta el nacimiento y mi recorrido no tuvo apenas carretera. Ahora no sabría cuantificar, pero como mucho te podría hablar de un 5%. Si te interesa ponte en contacto (no sé como) y te indico como lo hice yo por si te vuelves a animar.
    Un saludo.
    Nacho

    1. Hola Nacho, y gracias por el comentario. La verdad es que elegí la opción fácil de las dos que tenía, y ésta era ir por carretera. La otra seguía las indicaciones de un coleccionable que editó La Opinión en 2008 y que acompañaba al río casi siempre por su margen derecha, pero según me dijo el propio autor muchas de las sendas eran de difícil localización por la maleza, requería un gran sentido de la orientación porque había que ir campo a través en numerosas ocasiones, y dada la carga que llevaba y otras circunstancias me decidieron a optar por la más cómoda. Si quieres echa un vistazo a mi blog personal sobre senderismo (bonaelcaminador.blogspot.com) en el que estoy publicando, etapa por etapa, esta travesía. Me encantará charlar contigo y compartir experiencias.

  2. Tema muy interesante. Personalmente, lo que más me gusta de hacer un gran recorrido es la gran sensación de libertad que tengo al afrontarlo. Libertad que me permite en un momento determinado, por cualquier circunstancia, decidir que no tiene interés continuar. Sin problemas. Hay otras rutas, otros proyectos, otros días. Esto es una afición, no una obligación. Fracaso? nunca. Saludos!

  3. Chapeau Miguel Ángel! completamente de acuerdo 🙂

    Si no disfrutas con lo que haces, por ínfimo y pequeño que sea, no te sentirás bien contigo mismo.
    Si ese precepto lo aplicamos a hacer un GR, disfrutar de una experiencia como es adentrarse en la aventura de no saber que vas a encontrarte, es condición sine qua non para conseguir el objetivo.

    Sueña, imagina, haz realidad, disfruta! y si llegado el momento, las ilusiones no se hacen realidad, vuelve a dormir y modifica tu sueño 😉

    Un placer leerte, siempre,
    Analema

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